¿Por qué?

Responder al por qué de semejante tragedia puede resultar infructuoso, hasta peligroso e irresponsable dada la sensibilidad de la herida recién abierta. Probablemente no haya respuesta hasta dentro de unos cuantos años, tal vez nunca. Así que solo le pasaré tangencialmente, pensando en un posible camino de análisis, más bien interior y subjetivo que objetivo. Hace unas semanas me encontraba reflexionando en algunas cuestiones a propósito del 11S, así que dada la similitud del nuevo acontecimiento 11M, vendría a colación.
Datos: fallecieron alrededor de 200 personas y los heridos se cuentan en el orden del millar. Se trató de un ataque coordinado con bombas sobre varios trenes en una estación de Madrid repleta de gente en un momento de gran afluencia (horario para ir a trabajar). Al día de hoy hay más elementos para creer que ha sido Al-Qaida (o alguna de sus células locales) que el grupo separatista vasco ETA.

Obviedad Nº 2: Manipular la información, pretendiendo que los autores del ataque hayan sido integrantes del grupo separatista vasco ETA, no importa la finalidad (en este caso político-electoral), es una canallada porque insulta el respeto que merecen las víctimas y la sensibilidad de todo el resto del mundo. Sin embargo, poniendo los pesos en la balanza se trata de una pequeña "picardía" al lado de la tragedia en sí.
Entonces me sumerjo en el problema principal: ¿Por qué?.
Respuesta tentadoramente fácil y equívoca: "Porque son unos fundamentalistas descerebrados e irracionales que harían cualquier cosa que les digan" "Son manipulados por intereses de sus mandos superiores" y hasta el absurdo "Son infiltrados de los sistemas de inteligencia de los propios gobiernos". No me conforma. Cerrar la respuesta de esa manera anula la capacidad de entendimiento, la posibilidad de resolución y abre la puerta a un desenlace del mismo tono trágico: "Debemos atacarles con el mismo odio y arrasarlos antes de que nos la den de nuevo". No sabemos quiénes son exactamente ellos... ¿acaso deberíamos liquidar a cuanto musulmán se nos cruce por el camino, convirtiéndonos entonces nosotros también en fundamentalistas?
Quisiera abordar el problema desde otro lado. Asumámoslo: el tipo que se calzó la mochila llena del explosivo Goma 2 no es muy diferente a nosotros. Pertenece a la especie humana, su código genético y su estructura neuronal no debe ser muy distinta a la que tenemos todos aquellos que repudiamos su ataque. La química que corre por su cuerpo, sus terminales nerviosos son los mismos que los de nuestros cuerpos. Podríamos pensar en un loco totalmente desvariado pero se habla de entre nueve y veinte participantes, con una estructura organizada lógica y racionalmente detrás, que son la envidia de muchas empresas modernas. Entonces no podemos escaparnos de pensar que el depositario de tremendo odio y convicción fundamentalista para asesinar a tanta gente, inmolándose a sí mismo además, podría ser prácticamente cualquiera de nosotros. De la misma manera, cualquiera de esos trece o de los que pertenecen a la organización que los respalda o hasta el mismísimo Ben Laden, podría llegar a sentir el mismo dolor y repudio ante un atentado semejante, de la misma manera que nosotros.
El problema, entiendo yo, es cuando la alienación o extrañamiento llega al punto de considerar al otro un objeto, una cosa de la cual puedo apropiarme libremente y hacer de ella lo que quiero. Para provocar tremenda masacre no puedo pensar en el otro como un ser humano igual que yo, dado que eso implicaría pensar en la posibilidad de invertir roles y que la víctima sea yo mismo, eso me inhibiría de cosificar al otro, porque me estaría cosificando a mí mismo. Somos seres incompletos, necesitamos al otro, lo buscamos a nuestro alrededor y nos buscamos así a nosotros mismos en esa completud, esa comunidad que permita que yo y el otro nos complementemos y nos completemos. Somos seres que, para vivir, necesitamos organizarnos con otros, dependemos de otros. Aristóteles decía que naturalmente somos así, que nos juntamos porque somos animales sociales, Hobbes decía que no, que en realidad nos juntamos por conveniencia, pero que nos juntamos, nos juntamos Para que ello sea posible debemos cargar esta unión con un sentido, algo que haga posible a nuestro entendimiento la necesidad de dicha cooperación. La religión (de re-ligar) es una forma, por ejemplo. Cuando, en esta cooperación, consideramos al otro como una cosa, un medio cuyo fin sería satisfacerme yo mismo estamos maltratando injustamente al otro, quien tiene todo el derecho de ser considerado él mismo un fin en sí mismo y quien, a su vez, tiene el deber de considerarnos a nosotros de la misma manera. Esto es una ética típicamente kantiana, pero yo creo que vale.
En el caso de alguien que se inmola, la cosa se complica, porque él mismo se considera un medio, que actúa sobre otros medios (sus víctimas) en la consecución de una finalidad mucho más elevada que todos ellos (por ejemplo, por gracia a Alá, en función de una determinada interpretación de un texto religioso).
Volviendo a la tierra un poco: por ejemplo en el caso de la explotación del hombre por el hombre (la máxima crítica socialista al capitalismo) ocurre que el capitalista cosifica al asalariado, lo considera un medio, una máquina viviente que produce más de lo que consume, y se siente con derecho a utilizarlo, ya que él le paga lo justo. Sin exagerar, esta es una situación que ocurre todos los días a nuestro alrededor, base de infinidad de maltratos laborales. (Un lapsus zurdito, lo mío). Otro ejemplo es aquel del maltrato familiar, para poder pegarle a una mujer o a un niño, por ejemplo, es necesario deshumanizarlos y objetualizarlos como propiedad del señor de la casa, que se siente con derecho de hacer lo que le plazca con sus pertenencias. De similar manera, existen aquellos que desprecian al "negrito" por considerarlo inferior. Ninguno de estos casos puede compararse con un crimen contra la humanidad pero considero que los motivos que mueven a unos y a otros provienen de los mismos mecanismos, esto es: de cosificar al otro y la incapacidad de ponerse en el lugar de él. Vivimos rodeados de estas situaciones, en la multitud es difícil pensar a los otros como fines, se nos escapa constantemente. Hasta aturdiría el imaginarse las historias de vida detrás de cada uno de los cientos de rostros que nos cruzamos todos los días por allí, aunque no intercambiemos ni una palabra con la mayoría de ellos.

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