Aristóteles: sobre el alma, los sonajeros y las flautas

Pero he encontrado un par de curiosidades que pueden resultar divertidas o interesantes (depende de la profundidad con la que se lo aborde). En principio, y a los fines de este post, la idea es que ocurra lo primero, lo segundo ya corre por cuenta de cada uno, aunque sin dejar de ofrecer la ayuda de mis limitados conocimientos sobre el tema. Esto viene a cuenta de un mini-homenaje humorístico, producto del estudio de este importante personaje del pensamiento, que, por una de esas cosas del destino tuvo mucho que ver con mi recta final hacia la consecución de mi primer (y por ahora único) título universitario.
La gran mayoría de las obras que se conocen no estaban destinadas por Aristóteles para el gran público (para la gilada, bah!). Las que sí había decidido publicar él, lamentablemente se perdieron casi todas. Por ello, no es trivial encontrarse con aseveraciones que solo se utilizaban entre un selecto grupo de discípulos y dentro de ámbito del Liceo, y que el solo hecho de hacerlas públicas podía haberle costado el mismo destino que Sócrates: mandarse un fondo blanco de cicuta y bueno, obviamente, morirse. Paradójicamente la mayoría de estas cuestiones que él no podía difundir son ya naturales para nosotros y muchas de las cosas que para la antigüedad eran moneda común pueden horrorizarnos o al menos resultarnos ridículas. Un ejemplo típico de estas últimas es la esclavitud: base fundamental del sistema económico de la Grecia antigua, ya que el trabajo manual asalariado era la actividad más despreciada que se podía considerar, incluso se decía que un esclavo quizá tenía más virtud que alguien que trabajaba a sueldo. Aristóteles, evidentemente, no pudo salirse de su mundo (sino solo asomarse, que ya era mucho) y luego de dar un rodeo debió justificar el sistema esclavista, como lo hicieron casi todos sus contemporáneos. Pensar en la esclavitud es algo que detestamos en la modernidad, tal vez algunos pensemos que sea mejor ser asesinado que ser esclavizado.
Y viceversa, tanto Aristóteles como Platón y Sócrates eran monoteístas, pero solo de puertas adentro, ya que, por supuesto, el monoteísmo estaba estrictamente prohibido. El Tehós de Aristóteles, el motor que todo lo mueve sin ser movido por nada, la causa eficiente y final de todo cuanto existe, tuvo mucho para aportarle al Dios católico y monoteísta que iba a reemplazar 400 años después del mismo Cristo a la banda de los dioses romanos (copiados, a su vez, de los griegos) que eran mucho más divertidos, pero que ya estaban d’mode. Así también, hasta hoy día no se aceptan deidades paganas, la divinidad está cubierta por completo por un único Dios sin rostro, omnisciente y omnipresente.
Aristóteles y su obra

Sin embargo, hecha la aclaración y la salvedad, podemos divertirnos un poco
Aristóteles y los sonajeros

… es preciso que los niños tengan cierta ocupación, y hemos de considerar que resulta un buen invento el sonajero de Arquitas, que se da a los niños pequeños para que los manejen y no destrocen las cosas de la casa, ya que no se puede tener a un niño quieto. (Pol. VIII, 6, 1340b).
¿Qué te parece, querido internauta? Vos creías que estos grandes filósofos no tenían problemas terrenales. ¿No te sentís más acompañado, ahora? Mientras tirás del cable del mouse tratando de recuperarlo de las garras de tu tierno hijito, pensá en el pobre Aristóteles:
Los estudiosos se pelean por el ordenamiento de los libros, que si los dejamos en el orden que los puso Andrónico de Rodas, o los reordenamos según se cree que fueron escritos. Pero yo prefiero imaginar a un Aristóteles volviendo del Liceo y encontrando a su pequeño Nicomaquito descajetándole los rollos de papiro por todos lados. “¡Herpilis! ¡Querida! Mirá lo que hizo TU hijo, mejor andá a lo de Arquitas y comprale un sonajero al niño, que sino lo mato! ¿Cómo iban estos rollos?, primero el VII, luego el IV... qué se yo!” Mirá vos, 2400 años después seguimos utilizando los mismos métodos para distraer a nuestros pequeños, ¿quién lo hubiera dicho?...
Aristóteles y las flautas

A partir de estas consideraciones queda claro qué instrumentos deben utilizarse en la educación. No se han de emplear flautas ni ningún otro instrumento técnico, como la cítara o cualquier otro por el estilo, sino tan solo los que formen buenos oyentes de la música o de la educación en general. Además, la flauta no es un instrumento moral, sino más bien orgiástico, de modo que debe utilizarse en aquellas ocasiones en las que el espectáculo pretende más la purificación que la enseñanza. … [Pol. VIII, 6, 1341a]
Cuentan que Atenea, después de haberla inventado, la tiró. Y no está mal decir que la diosa la hizo disgustada al ver que al tocarla se le afeaba el rostro. Sin embargo, es más verosímil que lo hiciera porque el aprender a tocar la flauta en nada sirve al desarrollo de la inteligencia. [Pol. VIII, 6, 1341b]
¿Y esto? ¿No sería una suerte de crítica alegórica a la práctica del sexo oral?. Lo de orgiástico e inmoral es muy sospechoso. Será que el famoso pete lo inventó Atenea y luego se arrepintió. ¿Qué nos quiere decir Aristóteles con eso que no sirve a la inteligencia, pero purifica?. Espero sugerencias...

Las películas de Sorín que vi son lindas. Esta creo que es la mejor. El relato camina sobre el filo de lo patético de la historia (el hecho de viajar desde Misiones a Buenos Aires a llevarle una talla de madera a Diego Maradona), pero siempre se queda de este lado, y te deja contento salvo por un par de puntos oscuros, que bueno, no todo es alegría. Me gustó.
Si bien la nota de color la puso el director con la expresión con la que abrí esta nota, no opaca el oficio que tiene Solanas para este tipo de documentales. Ya con
Se habló mucho de esta película, así que no tiene sentido darle más lata . Es realmente buena, bien preparada, didáctica, contundente en sus aseveraciones. Solo lamento que Enrique no haya podido venir a charlar con el público. Parece que no consiguió pasaje.
Una comedia prolija y divertida. Bien dirigida y actuada por todos. Destaca Cecilia Roth y sorprende María Fernanda Callejón. Al finalizar la función disfrutamos de una charla amena con el director Ulises Rosell, quien nos contó curiosidades de la filmación y como surgieron sus ideas, como así también lo que significa trabajar con una figura de la talla de Cecilia Roth, también se emocionó porque alguien del público le hacía preguntas que evidenciaban que había visto todos sus trabajos anteriores (serán dos películas y un corto, creo).
Una película densa, en todo sentido, por el clima que genera y por los tiempos no hollywoodenses del desarrollo. La película transita en una tensa calma hasta que se desenlaza de repente. Alguien la comparó con el estilo de Kitano, y algo de eso tiene.
La más flojita de las que vimos. A pesar de nombres importantes en el elenco (Gastón Pauls, Marcelo Mazzarello, Ernestina País) no me cerró para nada. Los diálogos parecían forzados, no se entendía mucho a qué querían llegar. ¿Una especie de alegoría de la crisis y las fábricas recuperadas? No sé. No gutó.
Estuvo un poco mejor que la anterior. Pero se va para el otro lado. Me pareció demasiado pretensiosa, cargada y barroca. Pone mucho énfasis en lo grotesco de los personajes y en lo crudo de algunas escenas. Un intento de múltiples historias entrelazadas (a lo “


