viernes, julio 16, 2004

El Camino de los Sueños

Lo confieso, en lo más profundo de mi corazón siento que me gustaría salir en la tele y que todos me reconozcan y admiren.


Un viejo amigo mío, del cual me siento muy orgulloso, trabaja en la coordinación del Planetario y cada vez que pasa algo raro con el sol, la luna o las estrellas sale en la tele y en la radio explicando que no se acabará el mundo ni que cambiará nuestra suerte, sino que es un lindo espectáculo para ver. Pero lo llamativo es que para los medios, él es el referente en todo lo que tenga que ver con astronomía y entonces cada tanto nos avisa que sale en tal o cual programa hablando sobre las manchas solares o sobre la alineación de los planetas y nosotros estamos atentos, como cholulos que somos, esperando la nota o la salida del móvil. Y ahí está él, con su cara super-profesional explicando los fenómenos celestes. ¡Un capo!

El guitarrista de la ya consagrada banda de música pop "Turf" fue compañero mío de la secundaria, era un sátrapa entre varios con los que me juntaba pensando que me iba a divertir. Con este muchacho, por ejemplo, tuve que ir a hacer un trabajo de Educación Cívica al Tribunal de Faltas como castigo, porque la profesora nos había agarrado haciendo quilombo en clase. Si bien no era íntimo digamos que era más o menos allegado y hasta me invitó a su Bar Mitzvá Esta etapa me duró más o menos un año, cuando me daba cuenta que el no estudiar me provocaba más problemas que beneficios, sobre todo porque a mis viejos les costaba un huevo mandarme a un colegio privado y me sentía medio pelotudo. Al año siguiente él había elegido cambiar de sede y no lo volví a ver salvo alguna que otra visita. Este pibe sí se divirtió mucho, pudo aprender a tocar guitarra, tuvo el tiempo, el talento y la suerte de formar una banda que ahora tocará en el Teatro Ópera. ¡Toda una carrera, ese pibe!

Hasta aquí mis niveles de envidia mediática estaban más o menos controlados, pero ayer... tuve una dura prueba:

“El Refugio de la Cultura” es un programa básicamente sobre libros que se emite por Canal 7. A otros les puede parecer un embole, a mí me gusta porque vienen los autores, hablan sobre sus publicaciones y las charlas son interesantes. Y admiro a muchos de los que allí aparecen por su nivel intelectual y la capacidad de desarrollo que implica producir una obra literaria. Tengo una gran fantasía: aparecer algún día en ese programa hablando como un erudito sobre algún libro que pudiera escribir, tratando alguno de los temas que me interesan. Obviamente que estoy lejos de ello porque no sé escribir bien, ni estoy haciendo nada por aprender a hacerlo en forma profesional, por ahora es un hobby.

Ayer, viendo dicho programa se me cayó la mandíbula al piso estaba él, justo ese, no podía ser otro, sino él mismo. Quien fuera compañerito estrella de la primaria, luego le perdí el rastro en la secundaria, pero me lo reencontré en la facultad, siempre mejor, siempre primero. El mismo que me ganó de mano con una chica que estaba trabajando lentamente (como casi todo lo que hago), que encima conoció gracias a mí (igual más tarde esa misma chica cayó en mis brazos ¿o yo caí en los de ella?). El mismo que fue ayudante de una materia mucho antes de que yo pensara siquiera que podría hacerlo. El mismo que publicó trabajos mucho antes de que yo me sintiera capaz de hacerlo. Me sentí humillado vilmente al tener que estudiar de esos mismos trabajos en una de las materias más interesantes de la carrera. Ya veía sus libros por la facultad, aunque tenía el consuelo de que lo hacía en colaboración. Pero ahora esto: Él mismo, vestido en sus propias zapatillas aparece en uno de los programas que más me gusta y en el cual me gustaría aparecer presentando su propio libro. ¡Qué golpe a la autoestima!

Pero por suerte ya estaba resguardado, yo ya había tenido mis 5 segundos de fama el fin de semana pasado: ¡sí! ¡Salí en la tele! Salí en el Canal 6 de Bariloche, en el excelente programa de Leo Tiberi, donde me enfocaron (sin darme cuenta, obviamente) y me dieron la oportunidad de mostrar mi pericia para engullirme un waffle de dulce de leche en el stand de Suiza de la Fiesta de las Colectividades entre la multitud, lástima que se perdieron cuando me mandé la torta de nueces austríaca, o la Borsh (sopa) rusa… Bueno, cada uno a lo suyo. Algún día escribiré un libro, por ahora disfruto de leerlos y de comer tortas.


Todo esto me hace pensar una vez más en el tema de las vocaciones, algunos tienen la suya bien definida: por convicción o heredada, en mi caso no es así. Siendo Licenciado en Sociología, tengo un título de Técnico en Electrónica y trabajo en Sistemas de Control, estudié guitarra, me gusta escribir, pero sé que nada de eso me atrae lo suficiente como para dedicarme por completo y concentrarme en menos cosas. De chico, como mucho otros, y luego de pasada la etapa del “quiero ser astronauta”, estaba convencido que quería ser piloto comercial, veía los Jumbo 747 y decía: “quiero manejar uno de esos”. Tampoco llegué muy lejos, la carrera militar no iba conmigo y hacer la instrucción civil y las horas de vuelo eran muy costosas. Entonces las cosas se fueron dando así, no está mal, un poquito de esto y otro de aquello, en la variedad está el gusto aunque el que mucho abarca poco aprieta… la búsqueda de ese fino equilibrio entre el placer y el deber, entre lo que uno quiere hacer y lo que puede hacer. Quién sabe a donde nos llevará ese camino…

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