sábado, octubre 14, 2006

Buenos Aires me mata

Cada vez que regreso a mi Buenos Aires querida la siento más y más extraña. Es una mezcla entre nostalgia y satisfacción por haberla dejado.

Se nota en la falta de entrenamiento en el vereding, ese deporte urbano en el que tenés que esquivar gente, teresos de perros, árboles, autos, etc. La agenda super apretada para aprovechar el día, aún con lo que cuesta trasladarse de un lugar al otro (digamos que ir a la oficina me lleva más o menos el mismo tiempo que ir de casa a Villa La Angostura).

Ese calorcito que ya empieza a notarse y que despunta lo que será el temible verano porteño. Ya me acostumbré a usar mangas largas, pero BAires te pide las cortas, si no querés transpirar más de la cuenta, aún en octubre.

Por otra parte, esa simpleza de decir “vamos al cine”, salir y caminar unas cuadras y estar ahí, sin mayores trámites, cosa que no se puede hacer en Bariloche, donde las salas están en el centro, son malas y caras.

Luego está el riesgo de “salir a comprar”. Estando en la gran ciudad, uno aprovecha para tratar de conseguir eso que necesitaba desde hace tiempo, y que en el interior es más difícil de encontrar, o presume más caro… el peligro está en que ¡¡hay tantas cosas para comprar!! Muchas más de las que uno en principio necesita, y termina gastando un dineral, feliz de la vida por llevarse a casa esas marabiyas ciudadanas.

La ciudad te abruma por su cantidad, exagerada en todo, miles de autos, edificios inmensos, incontables personas. Solo prestar atención a la gente que uno se cruza al atravesar una cuadra y las historias que habrá detrás de cada una de ellas provoca angustia.

A causa de alguno de los trámites que fui a hacer, me tocó pasar por Costanera Sur y, claro, Puerto Madero… todo muy lindo, muy concheto, con sus edificios modernos. Vi una chica trepada a una escalera que limpiaba un reloj en la calle, lo frotaba para que brille, tanto que se le cayó el limpiavidrios… festejé la inmediata reacción de alcanzárselo que tuvimos dos personas que pasábamos por ahí cuando ocurrió (no , no nos dimos un cabezazo). Los nombres de las calles, todas mujeres valientes, el obsceno hotel de Faena, los albañiles con celular, un show room tan grande como una mansión, para promocionar quién sabe qué otra mansión. La costanera, divina, prolija, la vista hacia el río, respirar aire fresco… y a solo un par de cuadras, la avenida deja transitar pesados camiones con containers que exhalan humos oscuros. Esto puede derivar muy fácilmente en un texto a lo Galeano, pero que en mí sonará muy cursi, paremos aquí.

Solo mencionar un recuerdo que me vino a la mente, y me remitió a unos pocos años atrás cuando tuve la oportunidad de trabajar en una empresa con modernas oficinas por ahí nomás, que podría haber lucido mi propia tarjeta de acceso con foto y todo, que podría haberme comportado como un mercenario y pedir un sueldo exorbitante (para lo que yo ganaba en ese momento), porque igual ya tenía asegurado otro laburo con otro sueldo exorbitante… pero no, me di el puto gusto orgulloso de decir que no, que no quería hacer todo eso, que tendría que pedir mucha plata y eso no me parecía bien. Visto ahora, agradezco mi actitud, ya en aquel momento tenía el proyecto de venirme a Bariloche, y ahora tengo estas vistas desde el Otto, que no es para hacerme el canchero, pero son mucho más grossas que las que puedo tener desde cualquier edificio de Puerto Madero, al menos para mí, y eso es lo que importa. Y por encima de todo, en Bariloche me esperaba Cecilia… y yo quería estar con ella.

Pero yo también soy Buenos Aires, ahí nací y viví por más de treinta años, y Buenos Aires me da ese anclaje a lo que es parte de mí, me da la posibilidad de visitar a mi vieja, mis tías y a mi querida prima Xime, a los cuñados barilochenses, me da la posibilidad de ver a mis amigos, Sol, Tute, Gastón y Andrea (con su panza enorrrme); a Pipa y a Mirsham…, a Seba y a otros compañeritos de la oficina, solo algunos de los pocos que pude ver en esta oportunidad, me preguntan ¿cuándo vuelven? Y sí, siempre volveré a Buenos Aires, no lo puedo evitar, me mata.

12 Comentarios:

Anonymous edwin espetó...

A mi me sucedio algo similar, no podia de dejar de vivir en Bs As, pero hace 10 años que me fui y me es imposible volver: no la soporto mas. Me he habituado a vivir bien, comodo y tranquilo en el interior. Bs As me agobia y me da una sensacion de claustrofobia. Sinceramente ahora que hay red en casi todos lados, ya no necesito mas a la gran ciudad.

17/10/06 07:27  
Blogger MaxD espetó...

Sos una versión avanzada... hoy día no sé si podré desprenderme de BAires alguna vez... en 8 años te cuento.

17/10/06 09:06  
Anonymous Cattel espetó...

Yo voy en el sentido inverso.
Llega la primavera y ando en chancletas por el barrio y por momentos la sensación de estar caminando por "mi casa" es tan fuerte que da miedito. Es increíble que una ciudad tan terrible sea tan acogedora por momentos, será el aire, la sangre, qué se yo.
Mi reloj biológico quedó con la hora de Bariloche, pero Baires me gusta, qué me habrán hecho sus ojos.

17/10/06 12:31  
Blogger MaxD espetó...

Es como un viaje sin retorno, uno ya no es de "un" lugar, pertenece al menos a dos...

17/10/06 14:33  
Anonymous Anónimo espetó...

Para Luis:

Si a vos te gusta y a mí no me duele.... sé feliz, sé urbano.

Cecilia

23/10/06 11:53  
Anonymous Anónimo espetó...

volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien, suena tan bien que es una pena que no aplique a los pelados
una simple reflexion
a

23/10/06 13:55  
Blogger MaxD espetó...

Ceci, gracias por visitarme!! Ojo que nuestro cuñado no es Gastón Pauls...

A: sabés que tu reflexión aplica para mí también, será por eso que ambos fuimos a buscar nieves a otras latitudes

23/10/06 16:15  
Anonymous Anónimo espetó...

Grande Yaco melancólico. Me gustó que aparecí en la nota y no puedo dejar de recalcarlo (ego, digo ergo ...).
Y sí, tardar casi una hora para llegar al trabajo te mata, y la ausencia de buena onda no ayuda, pero uno se acostumbra ...
Bien por tu elección barilochense (medio trolito tanto reconocimiento a Ceci), yo fui uno de los que te apoyó desde el principio (en verdad no recuerdo si tiré mala onda o no. Supongo se habrá asustado un poco mi orgullo porteño. ¿Existe orgullo de ser porteño?)
Saludos a Ceci (no sea que se enoje la patrona). ;-)
Tute

24/10/06 11:46  
Blogger MaxD espetó...

Eh! Gracias Tute por la visita y el recuerdo... tampoco me acuerdo si fuiste de los que tiraste buena o mala onda, pero algo dijiste, jaja... pero sí que estuviste presente en todo el proceso.

Sí que existe el orgullo porteño, tampoco es para tirar a la basura, che!

24/10/06 13:25  
Anonymous Carlitos espetó...

MaxD: aquí Carlitos, de Un Argentino en Eslovenia. Vi tu blog desde lo del Toro, y me quedé leyendo.

A mí me pasa algo muy similar con lo que vos contás. De hecho, cuando volví a Buenos Aires de mi primer viaje "como turista" a la ciudad que me vio nacer, me impresionaron muchas cosas (si te interesa, mirá acá).

Lo simpático es que el lugar que elegí para vivi, al menos por el momento, es Eslovenia, que es un país que tiene muchos lazos con Bariloche (y no sólo por el refugio Piedritas del Frey, eh!). De hecho mi mujer es de un pueblito a 15 minutos de Italia, que geográficamente es en muchos aspectos *calcado* de tus pagos rionegrinos.

Claro, aquí en invierno podemos tener normalmente 15 grados bajo cero, y cuando sola el Burja, 25. Pero bueno, se hace lo que se puede, lo que no se compra hecho.

Un abrazo y trataré de pasar más seguido.

26/10/06 02:20  
Blogger MaxD espetó...

Hola Carlitos! Gracias por tu visita y tu extenso y dedicado comentario. Pasé por tu sitio y te comento voy a incorporarlo a mi recorrida habitual de blogs, así que nos veremos por ahí.

Respecto a los lazos entre Eslovenia y Bariloche, es cierto, hay una comunidad importante por acá y, en lo que a mí respecta, mucho para aprender de su técnica de trekking, jeje.

26/10/06 08:16  
Blogger Ernesto Schutz espetó...

Grande Buenos Aires

27/2/08 21:22  

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