martes, febrero 05, 2008

Gusano a la venezolana

La semana pasada, el escritor peruano Jaime Bayly publicó en su columna del diario Correo, del Perú una nota sobre su encuentro con nuestro querido Wilson (Guido Antonini) que tuvo en 2002 en Miami, por supuesto. El texto está bueno en general. Lo que levantaron la mayoría de los medios fue lo que le dijo Antonini sobre Hugo Chávez:

-Chávez no va a durar. Va a caer pronto. Lo vamos a tumbar.

Le dije que eso sería difícil, dado que los militares lo apoyaban y muchos de sus compañeros de promoción ocupaban puestos claves.

-Acuérdate de mí -insistió-. A Chávez lo tumbamos. Va a terminar en la cárcel.

Esto indicaría la filiación claramente antichavista del personaje en cuestión y la improbabilidad que haya portado la valijita con las 800 lucas verdes para entregarle financiamiento de Hugo Chávez a la campaña de Cristina. Seguramente algo oscuro pasaba con ese dinero (y por ahora no lo sabremos, en buena parte gracias a la justicia gusana yanqui) pero no para lo que se dijo que era. La historia prosiguió con el regreso de Wilson a su residencia habitual en Miami y el trato con la justicia yanqui para pescar a sus ex socios / ex amigos y acusarlos de espionaje. Todo esto termina por tener un tufillo a gusano en una versión venezolana.

Para los cubanos revolucionarios, los gusanos son aquellos cubanos anticastristas y agitan desde el exilio (principalmente EEUU y especialmente Miami) contra el actual régimen cubano. Seguramente meten en la misma bolsa a aquellos que simplemente se oponen al régimen de Castro por diversos motivos y el calificativo llega sin duda en su mejor expresión a aquellos que no dudan en echar mano a todos los medios posibles para hacer caer la revolución. El paroxismo de esto es el caso de Posada Carriles, quien participó de la frustrada invasión de Bahía de Cochinos, y no contento con ello organizó el atentado al vuelo aéreo 455 de Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976, en el que murieron 73 personas. También fue el organizador de una serie de atentados con bombas contra hoteles de La Habana en 1997. Hoy es prófugo de las justicias cubana y venezolana, y vive libre en EEUU. También existe la versión de que la expresión "gusanos" fue acuñada por la CIA como símbolo de la contrarrevolución. El otro término de la ecuación vendría a resultar del motivo para "contrarrevolucionar", porque en el mejor de los casos podría ser una salida del régimen que corrija el totalitarismo, recomponga el debate político y que al menos rescate aquellos valores que la revolución potenció: el orgullo de un pueblo auto determinado, la libertad del yugo imperialista, la igualdad, la opción por los débiles, la presencia del Estado en el cuidado de sus ciudadanos, etc. De la otra punta, de donde vienen los peores gusanos están aquellos que desean la caída de Castro de puro oligarcas que son.

El dato que aporta Bayly en la parte citada arriba y el posterior golpe, del que sospecha habrá participado, tienen toda la pinta de un gusanaje venezolano que podría aflorar por Miami. Si la CIA y el FBI operaron contra Cuba, no es extraño pensar que también lo hagan contra Chávez. Sobre Wilson, también me enteré que al momento del escándalo cumplía funciones en Venoco, empresa petroquímica cuyo presidente al momento del golpe de 2002 fuera Pedro Carmona, el antichavista más activo. Lo cual no quita, nobleza obliga, que los archienemigos de ayer sean amigos hoy, aunque convengamos que resultaría raro.

Pero lo que termina de configurar el nivel de gusanez del personaje es otra parte del relato de Bayly:

Guido me dijo que su mujer estaba ansiosa por conocerme. No me preguntó si yo sentía ansias recíprocas.

Vivía en un departamento del Grand Bay, con todos los lujos previsibles. Recorrimos medio departamento sin que su mujer diese señales de vida. Al pasar por la cocina, una empleada dijo que la señora estaba en la lavandería. En efecto, allí mismo estaba. La señora Jacqueline era agradable y distinguida, aunque no necesariamente guapa. Me saludó con afecto distante, como quien saluda a alguien que inspira, a la vez, curiosidad y temor.

-No me pierdo tus programas -me dijo.

No sentí que estuviera ansiosa por conocerme. Sentí que estaba ansiosa por seguir ordenando la ropa con la maniática minuciosidad de una millonaria aburrida.

(…)

Poco después me llevó a la cochera del edificio y me mostró su colección de autos de lujo: Hummers, Ferraris, Lamborghinis, Mercedes.

-Cuando quieras, te presto uno de estos para que lleves a tus hijas a Orlando -me sorprendió.

Yo le había contado que en pocos días llegarían mis hijas y nos iríamos a Disney.

-Muchas gracias, pero no me animo -le dije.

-Anda en la Hummer -insistió.

-¿Y si choco? -le dije.

-No pasa nada -dijo-. Todos están asegurados.

-Pero el seguro no te cubre si yo manejo -dije.

-No vas a chocar -dijo-. Y si chocas, decimos que yo estaba manejando.

Tal despliegue de oligarquez aplica con creces a la categoría de gusano. No solo por la ostentación de riqueza, sino por la empleada que dice "la señora", quien saluda distante y aburrida, por su desprendida generosidad con un objeto que, con suerte, cualquiera de nosotros no podría comprárselo ni vendiendo su propia casa, familia y el alma al diablo.

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo espetó...

"...el lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistó..."

Qué sé yo. Son unos miserables que por arrogancia se ganaron el ominoso derecho a vivir en la ilegalidad.

"...de esa miel no comen las hormigas..."

6/2/08 13:53  
Blogger MaxD espetó...

Las hormigas comen de esa miel cuando y cuanto YO decido darles.

8/2/08 09:26  

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