miércoles, julio 30, 2008

Efecto Simpatía IV y Efectos bilaterales I: El desguace del Estado

Algunas cosillas para comentar de este último viaje a la capital trasandina, producto de conversar con la gente de a pie, mirar un poco de tele y leer algún que otro diario.

Una de las cuestiones que más quejas genera entre los santiaguinos (que así es el gentilicio) es el famoso asunto del Transantiago. Un sistema de transporte público automotor que hizo tabla rasa con el anterior, con la excusa que era muy desorganizado y bla, bla, bla. Creo que este asunto y el conflicto estudiantil secundario son los dos grandes problemas que afronta el gobierno de la Bachelet, aunque todos acuerdan que fueron sendos muertos que le cayeron a poco de asumir.

El tema con el Transantiago es que definitivamente el servicio no estuvo correctamente proyectado, es malo, caro, no cubre la geografía que cubría el sistema anterior y encima está muy sospechado de gran negociado. Algunas perlitas como por ejemplo el hecho que los buses se quedan colgados de los lomos de burro (allá son de otro animal, no recuerdo bien cuál) porque no tienen el suficiente despeje del piso, que no doblaban en algunas esquinas (la mayoría de los buses son esos largos con un fuelle en el medio) y que no tenían la flexibilidad suficiente para pasar por algunos de los túneles debajo del Mapocho. Un dicho que circula es: "Los gallegos están felices porque hay un pueblo que es el campeón de los weones". Graves falencias como poblaciones que antes estaban cubiertas y recorridas por cuatro líneas ahora solo lo están por una que funciona siempre saturada, que no contemplaron recorridos cerca de los centros de salud, debiendo afrontar gastos de taxi aquellos que deban ir hacia allí, son algunos de los ejemplos que me mencionaron.

Leo en El Mercurio, este editorial sobre un sistema de subsidios al Transantiago, dado que el mismo está quebrado a poco de entrar en funcionamiento. Tendrán que inyectarle 270 palos verdes por año porque, claro está, no pueden aumentar el pasaje sin que les rompan todo. La nota abunda en argumentos sobre las dudas que genera este tipo de subsidios, sobre todo porque no puede garantizarse que eso redunde en un mejor servicio al pasajero. Los que están de parabienes son los bicicleteros, que acusan un aumento del 30% en sus ventas en la primera mitad del año.

Y todo sigue así, con la gente viajando peor que antes, pagando más caro, tardando un 20% más de tiempo en llegar al trabajo y retornar a sus hogares, y un Estado que no puede actuar para corregir esto sino solo garantizando la rentabilidad de la empresa en cuestión.

Otra de las noticias calientes (y no es una ironía de mal gusto) de la semana fue un accidente en una Clínica de Neonatología con una beba de apenas horas de vida que la envolvieron en una manta eléctrica en lugar de ponerla en una incubadora, quemándola casi por completo y dejándola con muy pocas posibilidades de sobrevida. Entonces saltó la ficha de que cómo pueden pasar estas cosas en un ámbito profesional especializado. Un funcionario explicaba que el organismo de contralor estaba haciendo los oficios correspondientes, a lo que el periodista retrucó: "¿Cómo puede ser posible que las auditorías no prevengan este tipo de accidentes?". El funcionario explicó que es imposible con la estructura que tienen (30 inspectores para toda la región metropolitana) hacer controles preventivos, que solo podían llegar ex post la ocurrencia del hecho.

Todo esto a mí me hizo ruido con relación a nuestro querido país, que siempre mira embelesado al otro lado de la cordillera hablando del "milagro chileno", por su admirada economía de mercado moderna y pujante, modelo, dicen los tecnócratas del FMI, para toda Latinoamérica. Pero esta situación milagrosa, como en Argentina, es para unos pocos, evidentemente el resto queda a la buena de los caprichos capitalistas. Y, evidentemente, estamos hermanados también por este proceso de desguace del Estado, propio de una época pasada, pero de tal ferocidad que aún estamos abandonados por él. Un Estado que ha quedado reducido al mínimo (sobre todo comparado con los estándares actuales de los países desarrollados) y por ende no puede proteger a sus ciudadanos de los vaivenes y arbitrariedades del mercado. Un Estado reducido al mínimo que no puede darse el "lujo" de gastar para corregir las desigualdades de "la mano invisible" y que si hace solo un ademán de intervenir, le tiran los teflones por la cabeza.

2 Comentarios:

Blogger Euphoria espetó...

QUÉ HORROR LO DE LA BEBITA EN NEO.
TUVE LA POSIBILIDAD DE PRESENCIAR EL ESTADO DE LUCHA EN EL QUE SE ENCUENTRAN ESOS SERES INDEFENSOS Y ESTE HECHO QUE ACABO DE LEER ME DEJÓ EN SHOCK. NO LO PUEDO CREER.

30/7/08 17:45  
Blogger Ana espetó...

En todos lados se cuecen habas, Max. El asunto es que algunos soplan los vapores y ven las habas y otros no permiten que te acerques a la olla, por precaucion, argumentan. Vaya a saber uno qué cuecen.
Lamentable lo de la niña.

31/7/08 17:33  

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