lunes, septiembre 28, 2009

Haciéndome el pendeviejo

Inaugurando la temporada primaveral de ascensos en bici al Otto era de presumirse el encuentro con algunos restos de nieve en el camino. Como esta temporada fue pobre en cuanto a la provisión divina del blanco elemento, poco fue el obstáculo en mi carrera hacia la famosa confitería giratoria, incluso mejorando tiempos de la temporada anterior. Envalentonado pensé "en algún momento tengo que practicar sobre nieve y hielo", lo cual resultó ser una pésima idea, que se reveló como tal cuando una placa de hielo me hizo morder la nieve, cuestión que hubiera sido incluso risueña de no ser por la punta del manubrio que se interpuso entre mi bajovientre (muy cerquita de aquello) y su torpe encuentro con el piso. Una ver-güen-za, un tipo grande, con familia, haciendo estas boludeces. Más allá de mi salud (por ahora las funciones corporales de por ahí demostraron funcionar más o menos normalmente haciendo caso omiso de un curioso movimiento al caminar) el papelón que hubiera resultado pedirle a Cecilia que me fuera a buscar para ir a la guardia con unas indignas calzas que cubrían parcialmente mis peludas piernas no tiene nombre. Esperemos que no se repita, en otra vida que me encuentre viviendo mi adolescencia en la Patagonia aprenderé conducción sobre hielo y nieve. Por ahora sigamos con lo clásico.

3 Comentarios:

Blogger Marcos espetó...

Recomiendo cambio de deporte: El ajedrez es mucho menos peligroso.

28/9/09 11:06  
Blogger MaxD espetó...

No, es el cambio de actitud. Seguro que le encuentro la vuelta para lastimarme también con el ajedrez.

28/9/09 14:22  
Blogger Euphoria espetó...

Nada de vergüenza che, me parece fantástico que desarrolles ese costado tuyo. JX coincidirá 100% conmigo. Es mejor tener un papá que se anime a ¨jugar¨, a tener un papá encorsetado que no quiera tirarse y revolcarse con la bici en la nieve.

7/10/09 10:56  

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