domingo, junio 20, 2010

Estalló Bariloche

El despelote me agarró en frío, sin reacción. En medio de la euforia mundialista, el intento de orden policial se llevó una vida, y después otra, y después otra. La información es muy confusa y aún no se tiene idea clara de lo que ocurrió. Lo que se sabe es lo que se dijo: que un pibe de 15 años apareció con la cabeza reventada por una bala policial, que después del partido la cosa se puso muy fea con la comisaría del Alto, que la bronca hizo saltar por los aires la típica pachorra barilochense en medio de una nevisca, que en el Cerro es augurio de una buena temporada, pero en el Alto se convierte en barro espeso. Que en medio de ese quilombo hubo dos muertos más por armas de fuego. Que un juez bien conceptuado hizo rápido las cosas con la muerte del chico (se detuvo al policía y se recolectaron las pruebas para las pericias), que junto con el intendente fueron a poner el cuerpo al barrio... pero los sacaron corriendo. Ya era tarde, porque es tarde desde hace años.

Las crónicas reflejan lo poco que se sabe, las increíbles declaraciones del jefe de policía ("se le escapó el tiro" que terminó en la cabeza del pibe que "no era un bebé de pecho", "fue un ajuste de cuentas" lo del segundo muerto, silencio ante el tercero) y la tremenda distancia social entre el Alto y el Cerro, entre los que quisieran vivir de algunas migajas que queden de la fiesta financiera del turismo y los que pretenden que pueden vivir aislados de ese resentimiento social, que se siente, se respira, pero no se atiende.

Lo que no se dijo en las crónicas de los medios nacionales (algo más aventurados en interpretaciones que los locales), es que hace años que hay problemas en el Alto con la policía. Desde que a los cráneos de la jefatura se les ocurrió poner al BORA allí, no deja de haber incidentes. El estallido fue la liberación de la presión contenida, encapsulada, allí, lejos del Cerro.

Nadie puede negar que en los barrios del Alto hay problemas con el Orden. Reminiscencias de familias de obreros (que en su momento era eso, barrios de laburantes, humildes, pero con trabajo digno) que se encuentran conviviendo con familias empobrecidas, excluidas, trabajadores mal pagos o en negro en el mejor de los casos. Y sí, para los que se mantuvieron sobre la línea de la flotación, resulta una afrenta al orden que se usurpe un lote, una vivienda desocupada (porque ahora casi nadie puede comprarse una casa aunque tenga trabajo), que eso se defienda con violencia, que los pibes anden sueltos en la búsqueda de un lugar que ya no tienen en la escuela, en el club o en el centro cultural. Y los que pueden se van yendo, y los que quedan hacen lo que pueden.

Es todo un símbolo: la cabeza reventada por bala policial de un pibe que nació en 1995 (¡qué año!), una vida que comenzó cuando todo se estaba yendo soberanamente al carajo y que se apagó muy pronto, sin entender siquiera si tenía o no algo para hacer en este mundo. Algo que estaba buscando a las cinco de la mañana cuando se lo encontró el intento de orden que tenía preparado la provincia para él. Como consecuencia, una marcha en contra de la violencia policial que termina con el intento de incendio de la regional en pleno Centro Cívico, con la confusión del mensaje pintarrajeado en la puerta de la intendencia ("Cascón [intendente] y su policía asesina [que depende de provincia]") y el aditivo de rotura de vidrieras y saqueos en la mismísima Mitre. Como epílogo provisorio, la solución que se encuentra es mudar la comisaría 28º, para sacarla del Alto, es decir, el orden se encuentra sacando al Orden.

Tan fuera de foco es el asunto que, como pocas veces, sindicatos (Comercio está amenazando con cortar la ruta al Cerro) y cámara empresarial coinciden en "pedir disculpas a los turistas" (!!).

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