lunes, abril 20, 2009

La malignidad de los objetos

La semana pasada fue complicada con las "cosas". Sufrí su rebelión en más de una ocasión, una mala racha que espero se haya terminado. Tal vez fue el castigo designado por medio del estigma que el niño del subte diagramó en mi pantalón.

No fue lo mismo que otros comportamientos de las cosas, que aunque extraños, no causan mayor daño. Un radio-reloj poseído por el espíritu de un escritor o un reloj pulsera que da la hora en notación científica, son a lo sumo, picardías objetuales que no merecen preocupación más allá de procurarse el reemplazo por unidades que cumplan la función que aquellos dejaron de cumplir al haber optado creativamente por "ser" otra cosa.

Esta semana pasada no fue así, los objetos se comportaron de un modo bastante malvado. Tres episodios tres ilustran el misterio:

  1. El martes, me encontré apagado el ordenador que utilizo para trabajar luego de mi regreso con mate cocido en mano desde la cocina (nótese que no me o hizo de frente). ¿Se ofendió porque no convidé? Luego de varios reintentos de encendido, procedí a operar. La conclusión, que mi título de técnico certifica como "de un no lego en la materia", fue que la fuente había dejado de funcionar como correspondía. Corrida al centro para comprar un reemplazo, regreso sin gloria para reconectar todo y no disipar la desesperación al constatar que mi diagnóstico había sido incorrecto, pues el artefacto acusaba el mismo problema. El siguiente reencendido provocó un resplandor digno de chispazo. Sin claudicar decidí desconectar todo y reencender, esta vez sin chispazo y con alguna lucecita más por ahí (algo distinto ocurría). Un nuevo reencendido y todo revivió. La fuente de alimentación jubilada de antemano retoza ahora de alegría en la caja de "cables y repuestos de todo tipo". No encontré explicación a este evento.
  2. El miércoles necesitaba una descarga de energía luego de aquella angustia, así que con ganas encaré la actividad ciclística habitual, se perfilaba una interesante vuelta por el Catedral. Venía muy bien, pero a medio camino me avisan que la rueda trasera estaba descentrada. Un rato costó verificar que se había cortado un rayo y eso provocaba el "efecto banana". Tal percance arruinó los planes de todos y la actividad debió acortarse. Yo bajé con una rueda buena y una abananada. En este caso no puedo aucusar al objeto de maligno por romperse (de hecho el pobre sufre mis setentaipico de kilos rebotándo todo el tiempo sobre él) sino por haberlo hecho en esta semana tan complicada con las cosas para mí.
  3. Nuevamente el ordenador decidió jugarme una mala pasada, amaneciendo el viernes con múltiples errores de memoria. Todo apuntaba a un virus, pero las infinitas herramientas que utilicé no denunciaban tal hecho. Ya había agotado todas las instancias previas al "formatear y volver a instalar todo". Pero el sábado el asunto amaneció de mejor humor y sin rastros de falla. Aquí pergeño una explicación al estilo MS: una actualización de NET Framework que no le gustó a mi PC, dado que luego de ello empezó a complicarse la cosa y ahora que aparece normalizada el "update" me pide esa misma actualización (chan!).
Es evidente que los objetos han querido jugarme una mala pasada, y lo han logrado, acuso recibo, los trataré mejor, pero no me hagan esto nunca más, por favor.

4 Comentarios:

Blogger Marcos espetó...

Habría que preguntarle a Ariel para que pomo sirve el .NET framework. Para mí es la mejor manera de arruinar una instalación de Windows.
Cuando salió la primera versión yo usaba Windows Me (Un encuentro de titanes) y terminé hablando con un geek que tienen encerrado en una salita en M$ para que me explicara como recuperar el uso de mi sistema operativo.
Creo que he visto colapsar a Windows XP en diferentes máquinas con todas las versiones desde la 1 hasta 3.5.

20/4/09 18:01  
Blogger MaxD espetó...

Curioso, no encontré en la web relación entre los síntomas y el NET Framework, y eso que arranqué por ese lado. Pero tiene que ser eso...

21/4/09 18:36  
Blogger Euphoria espetó...

Rachas son rachas.
A mi me pasa que hay semanas que rompo todo, vasos, copas, tazas, no sé, me agarra una especie de síndrome por la torpeza generalizada.

24/4/09 13:05  
Blogger MaxD espetó...

A no, eso me pasa todos los días... es un "estándar", pero que encima de eso te ataquen los objetos ya se complica.

25/4/09 08:50  

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