Solidaridad
Ahora bien, si le ponemos una pequeña mirada crítica al asunto (que para eso estamos) a riesgo de quedar como amargo (que para eso vivimos) se puede decir algo más (y no soy el único, lo juro). Hay una matriz que, pese a la crisis (de oportunidad) no se rompe. La solidaridad de ayer fue básicamente de unos para ellos mismos. El objetivo primordial, aparte de la lavada de cara, era dar una señal al turista que está con un dedo en el teléfono a punto de cancelar su reserva, esa señal se dio: el turista podrá interpretar lo que quiera, veremos, de última se sube al auto y viene igual.
Para mí, la acepción más valorada moralmente de solidaridad es aquella que se dirige hacia los otros, los necesitados, aquella que salta las barreras de la estratificación social. Hay mucha gente que no puede levantar una pala y tiene aún la arena en el techo, hay escuelas que siguen cerradas. Dicen que la semana que viene se hará algo parecido un poco más hacia ese lado, veremos. Pero primero el centro, los comercios, la industria del turismo. Hay quienes argumentan que si se recompone el turismo nos beneficiamos todos, que la mucama que vive en El Alto y que ahora no solo tiene el techo lleno de arena sino que está de vacaciones adelantadas (para no poder irse a ningún lado) también se beneficiará, puede ser, ojalá así sea. Otra vez el derrame, si a los que tenemos nos va bien, a los que no tienen ya les va a caer. La matriz de exclusión no se rompe, no la rompe ni el volcán: Bariloche sigue partida.
