La crisis aún no llega, pero sabemos va a llegar. En esta calma que antecede la tempestad, se leen, se escuchan, se ven reflexiones, debates, pensamientos acerca de lo que está por venir y lo que debería hacerse.
Leo hoy
esta nota de Juan Tokatlian sobre el populismo:
(...) no está claro cómo reaccionarán las sociedades latinoamericanas ante la
nueva ola populista que, como la anterior, no alcanza a superar los
problemas centrales (sociales, políticos, culturales, económicos e
institucionales)(...)
También
esta otra sobre el Estado, de Javier Auyero:
La construcción del Estado es, según esta visión, un proceso que opera a base de extorsión con la ventaja de la legitimidad
Y el domingo
este artículo de Sol Torres, también sobre el Estado, sobre "este" Estado:
Entre un Frankenstein de progresismo y neoliberalismo inercial, avanza
el gobierno casi improvisando, a veces pareciera que de modo
caprichoso, por no decir arbitrario. No hay política agraria, no hay
una eficiente promoción de las unidades productivas medianas y
pequeñas, no hay eficiente control de los monopolios y oligopolios,
predomina un sistema financiero desregulado, más especulativo que
productivo, no queda claro qué sector económico se quiere respaldar.
También puede alegarse que no se puede levantar la bandera de la
redistribución de ingresos cuando no se modificó un sistema impositivo
altamente regresivo.
En definitiva, sabemos que la democracia es necesaria para sostener niveles de legitimidad, un mínimo de participación popular y de garantías de derechos humanos, llevamos 25 años sosteniendo esto pese a los distintos matices, ribetes, megacrisis y megacurros. (Aunque hoy hay luto por la suelta de genocidas)
Ahora sabemos que el Estado es necesario, aquí, en la China y en EE.UU. Se terminó la falacia ultraliberal de que el Estado, más allá de su poder de policía para garantizar el mercado, como tal es un estorbo.
Espero estemos aprendiendo que el populismo no es en sí algo negativo o involucionado en política, sobre todo en aquellas sociedades cuyos sectores postergados lo son tanto económico-social como institucional y políticamente. Tampoco garantiza en sí el acceso de estos sectores a la arena política, pero hasta ahora ha sido el único canal.
Pero estos tres importantes pilares, instrumentos/medios para administrar la
res pública, se enfrentan ante sus limitaciones y se degradan si no hacen posible la resolución o al menos el paliativo para
el hambre de los pibes. Como con
la discusión sobre blanco o negro que distrae sobre el asunto más importante: progresismo o no. Si en estos últimos años de crecimiento a tasas chinas se los tuvo a la espera del derrame, y en cierto modo el progresismo fue crítico, pero también indulgente con ello, ahora no se puede esperar más, porque cuando llegue la crisis con toda su furia y hasta a mí se me vayan las ganas de escribir este tipo de pavadas, ¿qué les quedará a los pibes con hambre?. Ayer todos levantaron la mano para sacar la famosa
tablita, y eso fue aplaudido por los sectores del arco oficialista y opositor. Mala señal. No había que perder el tiempo, había que levantar la mano primero para hacer llegar la plata a quienes más la necesitan.