¿Qué hacemos con Cristina?

Mientras ciertos sectores (pseudo)ilustrados de clase media (de alto NES, diría Artemio) se quieren levantar con pala a Cristina y de muy mala manera, los que nos consideramos progres nos vemos cada vez más empujados hacia el kirchnerismo, porque lo que se ve del otro lado apesta. Lo cual no signifique que el kirchnerismo no apeste, pero lo otro es realmente hediondo. El gobierno da importantes signos de agotamiento, se repite en sus propios errores, ya ni se escucha esa bonita palabra transversalidad, etc. Aún así sigue siendo, visto en perspectiva, el mejor gobierno (o menos peor si alguno lo quiere ver con el vaso medio vacío) post 83. En un primer momento daba una esperanza, al salir del pozo ciego y respirar un poco. Se vislumbraban cambios importantes, de esos que podrían empezar a revertir lo que comenzó a sangre y fuego allá por el 76 (y un poco antes también, ya lo sabemos). Pero no, el techo se alcanzó relativamente rápido. Blumberg y sus velas lograron que el kirchenrismo suelte su velo progre y se recueste sobre la estructura del PJ, con los esperpentos ya conocidos. Fue un movimiento a la defensiva, o tal vez solo la búsqueda del camino más fácil.
Ahora, una torpeza más que no dejó mucho margen. Una decisión necesaria pero mal planteada desde el punto de vista táctico y todo se puso patas para arriba. Los que deseaban liquidar a los piqueteros pobres se convirtieron ellos mismos en piqueteros paquetes al servicio de los grandes empresarios del campo y tomaron una medida de fuerza de un extremo con muy pocos precedentes (los peores). Y parte de los sectores urbanos que deberían sentirse beneficiados por la medida gubernamental que destapó el quilombo, salieron a apoyar a sus presuntos victimarios (doblemente, porque tanto la eliminación de retenciones como el desabastecimiento atenta contra el poder de compra de los consumidores). Yo creo, insisto, más movidos por una suerte de repulsión hacia lo que un discurso populista representa que por una conciencia objetiva "de clase" (si se me permite el mal uso del término). Y los medios, los medios vieron la oportunidad de ganar con el agite, y ahí estuvieron, y presenciamos estupefactos la impunidad de la información arbitraria, y cuando se les hizo notar eso, encima se ofendieron.
Es triste, no se vislumbra un buen panorama para los progres y por supuesto peor aún (siempre peor) para los pobres. Veíamos una posible alianza con los sectores populares, finalmente una opción progre peronista. Parecía que podía funcionar, lo de la Alianza salió mal porque iba a salir mal y porque ocurrió en un mal momento, pero esto podía ser. Pero no. Como que el péndulo llegó a ese punto que detiene su marcha y empieza a regresar hacia el otro lado. Y ni siquiera del otro lado hay algo. Algunos analistas prevén la reaparición del Cabezón (sí, más peronismo) que ya tendría una pre aprobación de los sectores empresarios, del campo y bla, bla, bla. Pero fuera de eso, nada. Ni Carrió, ni Macri, ni López Murphy (está fuera de combate porque le afanaron el partido, aparte que no mide), nada. Peor estamos lo progres, nada de nada, (¿la reaparición de Aníbal? ¡glup!).
Hubo ciertos logros notables de 2003 a esta parte, cosas que ningún otro candidato ganable en aquel momento ni en el 2007 estaba dispuesto a hacer. Más aún, ahora hay varios de ellos que les gustaría deshacerlo, volver atrás. Y estos logros que festejamos en su momento los progres significaban, para nosotros, más que nada un piso. Un piso desde el cual empezar a construir un modelo de país distinto, un modelo que incluya de una vez por todas a todos los sectores sociales, que lleve hasta lo más bajo la línea de pobreza para que la salten todos, un modelo de país que nos haga sentir orgullosos por algo más que por el fútbol y los asados, un modelo de país grande, para sus 40M de habitantes y no para el 10% de eso. Algunas de las políticas del kirchnerismo habían hecho pie en este piso, pero se quedaron ahí. Y el problema es que no nos va a quedar ni ese piso. Y el gran riesgo es la vuelta atrás, el retorno de la tara argentina (zoncera, diría el Arturo), con ese gen facho que anda dando vueltas para cargárselo todo. Ese gen facho que se reactiva con el creciente individualismo bien típico de clase media que admira a los oligarcas y odia a los pobres, cuando la clase media levanta cabeza, le pasa eso. Se estira la brecha de distribución de ingresos, económicamente salta para arriba, pero el capital social nunca lo va a tener, está más cerca de los segundos y añora llegar allá, donde nunca la van a invitar, entonces aflora el resentimiento con los más débiles.
Para dar un par de ejemplos de este "piso" del que hablo: la llamada política de DDHH nos dio la esperanza de que la justicia llega (tarde, pero llega) y que los crímenes de lesa humanidad no quedarían impunes por más que los asesinos hicieron grandes esfuerzos para que así sea .Peeeero, peeeeero, igual no se pudo evitar que los dinosaurios se lleven a un testigo en plena democracia (y tal vez ahora, el segundo si no contamos a Gerez y a los tantos otros que sufrieron tormentos pero que solo serían noticia si desaparecen de nuevo) y no se discute nada de los responsables civiles y económicos del PRN 76-83. Se reabrieron las paritarias para discutir salarios con los empresarios y evitar que el poder adquisitivo de los trabajadores se quede muy atrás, y las mejoras no hicieron mella a pesar que el Indec mandó fruta (es decir pasaron por arriba del IPC oficial). Peeeero, peeeeero, no se le da personería jurídica a la CTA que sería un paso histórico hacia la democratización del sindicalismo argentino y no hay grandes avances con el problema del empleo en negro. El canje de la deuda y la liquidación con el FMI nos sacó una soga al cuello, nos dio libertad en la toma de decisiones en materia de política económica. Peeeero, peeeeero, la deuda sigue siendo un problema y al menos en lo personal pienso (y no solo yo: Ver causa de Alejandro Olmos con fallo favorable) que buena parte de esa deuda no debería pagarse, que lo que hay ahora en Tesoro, esos más de U$S50K deberían usarse para pagar la deuda interna. La performance socio económica mejoró notablemente respecto de lo que estábamos a fines de los 90. Peeeero, peeeeero, no se alcanzan los mejores momentos de aquella década y ni que hablar las de los '80 ó '70. Menos que hablar de la distribución de la riqueza. De estos ejemplos hay varios, con sus respectivos Peros.
Con esto quiero ejemplificar que estamos encerrados en esta lógica de defendernos de los embates de la derecha que se han envalentonado en los últimos tiempos ante las tribulaciones del kirchenrismo, aflorando el gorilismo mezclado con todo esto (y nuestra dicotomía primigenia: civilización y barbarie). Eduardo Grüner lo dice con todas las letras: "lucha de clases". La encerrona es contra el kirchnerismo, porque nos vemos en la obligación de defender las políticas que establecen ese piso mínimo. Y como todo viene en paquete, se nos acusa de oficialistas y se nos abrocha también afinidad con ciertas cuestiones más oscuras o dudosas y por supuesto indefendibles. Para nosotros es la tentación del posibilismo (así lo advierte Atilio Borón en su respuesta a Grüner), ese mismo que nos atravesó desde el 83 hasta hoy, cuyo hito inicial, según recuerdo, fue le Semana Santa de "La casa está en orden": Vaciar la plaza y el pacto tras bambalinas con los carapintadas, porque "no era posible otra salida para salvar la democracia". Con esto nos vienen acicateando desde entonces, con que "es lo único que se puede hacer": impunidad, convertibilidad, ajuste, relaciones carnales, etc. Es cierto que hoy, lo menos peor que hay es kirchenrismo. Pero tampoco hay que confomarse. Este ataque desde lo reaccionario no debe distraernos de que, si bien hubo un piso interesante que se estableció, hay que marcar la cancha a nuestro modo, correrlos a ellos y también al kirchnerismo, pero siempre por izquierda, siempre.